SINPELOS.MX
Sin pelos en la lengua

Nadie le llora a él.. Desde anoche está en esta banca

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Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches, dependiendo del momento en que te unas a nosotros, la escena se establece con una advertencia amistosa sobre el viento persistente, un presagio de lo que está por venir. “Póngase abusado,” nos aconsejan, mientras la anticipación se construye con la promesa de noticias que están a punto de cambiar el curso del día.

La tragedia nos golpea con la crudeza de un viento invernal; “Hoy por la noche una persona pierde la vida en una banca, en un parque público.” Un evento que, en su simplicidad, oculta las capas de historias no contadas y misterios sin resolver. Esta no es una mera nota al pie en la página de la vida cotidiana; es un grito silencioso que reverbera a través de las calles de Mujeres Ilustres, en el cruce de Leona Vicario y Concepción Barragán, un punto entre Apodaca y San Nicolás donde el destino de un hombre se encontró con un final sombrío.

Narrado con la pasión y el compromiso de quienes se dedican a informar “24-7” sobre lo que acontece en el norte del país, somos transportados al lugar de los hechos. Sin Pelos MX, los pioneros en la escena, nos invitan a mirar más allá de lo aparente, a cuestionar y a comprender. Este hombre, cuya vida se desvaneció en la soledad de la vía pública, padecía una enfermedad, ignorado y no socorrido, un reflejo de nuestra sociedad que a menudo cierra los ojos ante el sufrimiento ajeno.

“Caray, triste, triste la situación señores,” el eco de estas palabras resuena, dejándonos con un sentimiento de urgencia y reflexión. ¿Cómo es posible que, en medio de nuestro ir y venir, una vida pueda deslizarse tan silenciosamente hacia la noche eterna sin que nadie se dé cuenta? Esta nota no es solo un recuento de hechos; es una invitación a mirar más de cerca, a no pasar por alto a aquellos que podrían necesitar nuestra ayuda.

Así, te dejamos con una historia que, aunque marcada por el dolor y la pérdida, nos recuerda la importancia de la comunidad, la empatía y la acción rápida. En Mujeres Ilustres, el viento sigue susurrando, llevando consigo la esperanza de que, tal vez, en el futuro, podamos aprender a ser más observadores, más compasivos. “¿Qué tal amigos? ¿Cómo están?” Esta vez, la respuesta reposa en nuestra capacidad de cambiar el final de historias aún por contar.

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